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martes, 5 de septiembre de 2017

Kerala y el kathakali

La imagen más icónica del sur de la India es, sin duda, un bailarín de teatro kathakali. "Kathakali" significa "relato" y es la forma que los indios del sur tienen de contar las historias de su mitología y uno de los eventos sociales más importantes en esta región.
Únicamente actúan los hombres, también en los papeles de mujer. Horas antes de la función se maquillan con tintes naturales (polvo de arroz, cúrcuma...) y se visten con trajes excesivos en detalles alhajas. Héroes, villanos, mujeres y dioses son representados con un traje y un maquillaje arquetípico y reconocidos al instante por la audiencia conocedora de esta práctica.
Lo extraordinariamente insólito de las funciones de kathakali es que los actores no dicen ni una sola palabra, sino que se expresan a través del movimiento de los ojos, la expresión facial y manual a través de gestos conocidos como "mudras" (comunes en la danza clásica de la India que nada tiene que ver con Bollywood). Acompañando a los mudras, la música de los tambores y el canto deja embebido en la historia al espectador y le coloca en las distintas emociones que se viven en la escena sin dejarle tregua.
Cuatrocientos años llevan contando los bailarines de kathakali sus historias de dioses y demonios, antes en los templos y actualmente, en los teatros, muchas veces para espectadores legos en materia de mitología hindú que se maravillan con los rituales de preparación de la escena, con los coloridos y ricos tejidos de los trajes y con lo exótico del lenguaje mímico y vocal.

El viejo proverbio "Una imagen vale más que mil palabras" toma en este caso todo su sentido.


  



viernes, 10 de marzo de 2017

Pedagogía del oprimido

A veces cuando observo aquí a los trabajadores que ocupan un rango inferior, que provienen de una casta más baja en la sociedad, me doy cuenta de que el servilismo y la aceptación que les caracteriza tiene mucho que ver con aquello que le preocupaba a Freire, hacer consciente al oprimido de que lo es, desvelarle el secreto de la opresión.
El oprimido idealiza al opresor, al director autoritario, y encuentra en él los valores más auténticos y positivos cuando este le permite hacer lo que le corresponde por derecho. Le sirve, le respeta, le honra, sin preguntarse. Lo que pretenden los opresores es cambiar la mentalidad del oprimido y no la situación que los oprime a fin de lograr una mejor adaptación a la situación y por ende una mejor y más fácil dominación. Reconozco muy bien ese discurso. Es el discurso del colonialismo y de la Iglesia, al menos, de algunas de sus facciones.
La vieja lectura de la Pedagogía del oprimido que tanto me costó toma ahora todo su sentido, en un ambiente rural con un elevado porcentaje de población analfabeta o con una formación escasa de escuela primaria.
La mujer tampoco se da siempre cuenta de que vive con miedo, sin libertad. Mi marido es bueno porque no me pega, me dice A., pero él no te pega porque no le das razones que lo justifiquen, sin embargo no haces esto o lo otro para evitar su castigo, pienso yo.
Darme cuenta de esta situación, de la poca conciencia que tiene esta gente de la injusticia social que les rodea es desesperanzador. La realidad es que no pueden preocuparse de nada más sino de que sus necesidades básicas y las de su familia estén cubiertas.
Solo es a través de la consciencia, de la educación y de la lucha cómo será posible la transformación. Nada que llegue de fuera de sí mismos va a cambiar su actitud ante la vida, su situación.
La educación ha de ser una práctica de libertad y de igualdad. La educación ha de ser experiencial y respetuosa. Cualquier otro tipo de metodología no hará más que perpetuar este sistema desigual, jerarquizado y estático.



viernes, 4 de noviembre de 2016

Happy Diwali!


Diwali en India es una de las festividades más importantes del año. Se celebra la victoria de la luz sobre la oscuridad, de la esperanza sobre la desesperanza, del conocimiento sobre la ignorancia.
Diwali en Anantapur es una fiesta de fuegos artificiales de sobresaltos por los petardos, de colores de los vestidos nuevos, de calidez en el umbral de las puertas en las que se colocan lámparas de aceite (diyas).
Rama, el marido perfecto, el rey perfecto, regresa victorioso de su exilio, tras haber vencido al demonio Ravana y haber rescatado a su amada Sita, junto con su hermano Lakshmana. Ellos traen prosperidad y es por eso que en Diwali las calles se llenan de vida, de rangolis y de risas y las puertas y ventanas de las casas se abren de par en par.

Raji, compañera en la escuela, viuda, volvió por Diwali a casa y le enseñó a su madre una foto en la que sonreía una de las tantas veces que la he pillado desprevenida con mi cámara. Yo siempre le digo que está muy guapa así.
-¿Quién es esta mujer?-le preguntó su madre- Había olvidado cómo eras cuando sonríes.
Raji akka me lo contó, también con una sonrisa, vistiendo un sari nuevo rojo que le habían regalado.
- Thanks, Gema madame. Thanks.



martes, 24 de mayo de 2016

Cómo comerte una tableta de chocolate

El pequeño se despidió de su abuela en el borde de la carretera. Antes ella le había metido en la mochila deshilachada una botellita de agua y una tableta de chocolate.
Para que nos entendamos, las tabletas de chocolate son lingotes de oro en esta región. Es difícil y caro encontrar un buen chocolate. Así que es un regalo excelente. No entiendo cómo el niño no saltó de alegría cuando vio lo que su abuela le estaba guardando para el viaje. Pero más tarde sí comprendí su valor.
La primera vez que sacó la tableta de la mochila, acarició el envoltorio con las manos y la dio dos o tres vueltas para medir bien sus dimensiones. Enseguida la volvió a guardar y estuvo mirando un rato por la ventana. Había puesto la mochila en su regazo y a veces me observaba de reojo con cierta extrañeza. 
Para que nos entendamos, el autobús a Kalyandurg no tiene gran afluencia de "english woman" (como ellos nos dicen). Tal vez fuese la primera vez que veía a una extranjera.
La vez siguiente sacó la tableta y abrió el envoltorio por un extremo con mucho cuidado. Luego se lo acercó a la nariz y olió durante unos segundos el paquete abierto. Para mi sorpresa, lo cerró y volvió a guardarlo.
Casi diez minutos después volvió a sacar el chocolate de la mochila, lo abrió con cuidado para no romper el papel, cogió una pequeña onza y le pegó un lametón. Miro el cuadrado perfecto que había partido; al momento, este se empezó a deshacer por el calor entre sus dedos. Mordió una esquina de aquel trozo y empezó a masticar lentamente. Aquella onza pegajosa ocupó la mitad de su trayecto en autobús; lo miraba embelesado y lo saboreaba con deleite. Nada distraía su atención. 
Para que nos entendamos, por entonces yo me había zampado ya un paquete de galletas y un plátano y me había bebido la mitad de mi botella de agua.
Cuando terminó, el niño cerró el paquete y lo guardó en su mochila y se le dibujó una sonrisa redonda en los labios manchados de chocolate. Enseguida le di un kleenex que llevaba en mi bolso. El lo cogió y me miró interrogante.
- Dirty mouth- le dije- With chocolat.
El chupeteó con la lengua todo el cerco de chocolate alrededor de la boca y se guardó el pañuelo intacto en el bolsillo del pantalón.
- Thank you- me dijo educadamente.

lunes, 21 de marzo de 2016

Supersticiones

En Maha Shivaratri que fue hace unas semanas, coincidiendo con la última Luna Nueva, los hindúes pasaron la noche sin dormir, al menos los más creyentes. Esa noche, dicen, la Luna baja a la Tierra para celebrar el amor entre Shiva y Parvati (dos de los dioses más importantes del panteón hindú). Es por eso que cualquier forma de oración o meditación es entonces más efectiva, puesto que el ser humano no está bajo la influencia de la Luna. Los practicantes del hinduismo rezan, cantan y hacen pujas en Shivaratri. Para hacer una puja hay que limpiar muy bien la casa y tomar un baño. De no ser así, sería una falta de respeto a lo divino.
Este año, la celebración de Shivaratri terminó con un eclipse de Sol de madrugada. Nadie mejor que los hindúes para explicar este fenómeno a un niño. Raji me dijo que aquella mañana una cobra se había tragado el Sol y por eso se había producido un momento de oscuridad total. Sabiendo esto, a nadie se le ocurre discutir que las horas posteriores a este acontecimiento los rayos de Sol sean perjudiciales para los seres más puros. Las vacas, las embarazadas, los niños o los ancianos no pueden salir a la calle, pero tampoco está recomendado para algunas personas según su horóscopo. Por eso, de camino a casa solo me encontré aquel día puertas cerradas y silencio en el camino en el que diariamente tengo que saludar diez o doce veces y repetir diez o doce veces que no tengo caramelos.
La Chandramama, la Luna, y Surya, el Sol, no son los únicos blancos de superstición. Tampoco las salamanquesas pueden tocarte la piel y mucho menos la cabeza. Una mañana una salamandra cayó encima de mí al abrir la puerta de casa. Una de esas grandes que casi parecen dragones. Cuando se lo conté a Raji, ella se tapó la boca presa de pánico.
- ¿Qué hiciste?- preguntó.
- Asustarme y gritar- respondí.
- Pero, ¿qué hiciste después?- insistió.
No supe qué decir. Supongo que seguiría mi vida normal, me quitaría las sandalias y encendería el ventilador de la habitación. Sin embargo, esa no era la respuesta que ella esperaba. Raji me contó que debería haberme dado un baño y haberme ungido con aceites para evitar la mala suerte. Todo muy loco.
Aquí evitan el mal de ojo dibujando a los bebés un punto negro en la frente y en la mejilla y a las personas en la palma de la mano y la planta del pie. La derecha, si eres hombre; la izquierda, si eres mujer. Y cuando estás enfermo te limpian el aura al atardecer con la tierra del camino y las hojas de una planta que no reconozco bien y que luego tienes que saltar tres veces con el sari o el lungui recogido.

Dentro de todo este lenguaje, yo tengo una superstición favorita, es el gesto sin palabras más mágico de todos, articulado únicamente por el tacto. Ese momento en que los hombres y las mujeres tocan los objetos con la mano derecha y se la llevan a la frente y al corazón, especialmente a las cosas o las personas que consideran sagradas, porque de esta manera se llenan la mente y el corazón con la energía transparente de lo divino.

lunes, 15 de febrero de 2016

Sin embargo

La India, tan profundamente ordenada y tan caótica al mismo tiempo.
Todo está bien o mal. Claramente definido.
Se hablan lenguajes únicos. Pero no uno. La idiosincrasia es diferente en cada parte del país. Y no hay explicación para muchas cosas.
Jerarquías, estructura y normas sociales que aplastan y reprimen las emociones, los instintos, la libertad.
La familia es el núcleo de la sociedad y se defiende a costa de la propia felicidad.
La desconfianza se refleja en los ojos de las viudas, de las novias, de las mujeres.
El dolor se puede contar en las arrugas de los hombres.
El trabajo, la fatiga, se lee en las grietas de los pies de los ancianos, apoyados en una vara como la que utilizan para matar serpientes.

El miedo se manifiesta en las pupilas de los niños, pero también hay inocencia y esperanza. 

Sin embargo.

domingo, 3 de enero de 2016

La taza vacía

Dicen de India que no te deja indiferente. La amas o la odias. Tienes únicamente esas dos opciones. Culturalmente es uno de los países más especiales del mundo, con más de veinte lenguas reconocidas y muy diversas religiones y formas de entender la vida. Es allí donde hace 5000 años nació el Yoga, pero también tienen su origen en India la trigonometría, el álgebra, el ajedrez, el budismo, el hinduismo y el jainismo. El matrimonio concertado, el sistema de castas (presente aún en la forma de relacionarse y de vivir), la medicina ayurvédica, la mehandi, el karma, las ceremonias de enterramiento, el bindi, historias fantásticas que implican a dioses y héroes de su mitología, la danza tradicional, el holi, las lamparitas de arcilla con su mecha de luz. Decenas de costumbres y creencias que se remontan al origen de la civilización.

Toca vaciar la taza para comprender. Para aceptar. Para vivir la India de otra manera. Así que olvidaré todo lo que sé de ella. Porque opinamos constantemente, hacemos juicios de valor sobre lo que vemos, ponemos etiquetas, acumulamos experiencia. 
Pero la India es. Nuestro ego la convierte en un lugar sobre el que podemos decir esto o lo otro. Nos enfadamos con respecto a lo que pasa y nos maravillamos de los colores y las luces. Pero simplemente es. 

Algo así como lo que hacemos con el Año Nuevo. Vaciar la taza y volver a preparar el té.


Según una vieja leyenda, un famoso guerrero, va de visita a la casa de un maestro Zen.  Al llegar se presenta a éste, contándole de todos los títulos y aprendizajes que ha obtenido en años de sacrificados y largos estudios.
Después de tan sesuda presentación, le explica que ha venido a verlo para que le enseñe los secretos del conocimiento Zen.
Por toda respuesta el maestro se limita a invitarlo a sentarse y ofrecerle una taza de té.
Aparentemente distraído, sin dar muestras de mayor preocupación, el maestro vierte té en la taza del guerrero, y continúa vertiendo té aún después de que la taza está llena.
Consternado, el guerrero le advierte al maestro que la taza ya está llena, y que el té se escurre por la mesa.
El maestro le responde con tranquilidad -Exactamente señor. Usted ya viene con la taza llena, ¿cómo podría usted aprender algo?Ante la expresión incrédula del guerrero el maestro enfatizó:

-“A menos que su taza esté vacía, no podrá aprender nada”

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Vacas, cerdos brujas

Hoy casi atropellamos una vaca. Una búfala, en concreto. Cruzaba la carretera sin atender al paso de peatones. Las vacas deambulan a sus anchas por la ciudad y por el campo. Creo que ya lo había dicho. El conductor de rickshaw ha hecho un quiebro para evitar hacerle cualquier rasguño. Las vacas son sagradas. Divinidades. Podíamos habernos metido en un lío. También son divinas las pizarras en las que escriben los niños. Cuando están preparados para el aprendizaje de la lectura, los padres hacen una puja para bendecir el pizarrín. Y suponen que Saraswati, la diosa del conocimiento, se materializa en él. Por eso, el otro día cuando noté el suelo frío y me dispuse a sentarme sobre un pizarrín que no estaban usando las niñas, Rajeswari me dijo que no muy insistentemente. Yo pensaba que solo quería que estuviese más cómoda y que me trajo otra alfombra por deferencia. En realidad era por deferencia, pero a la diosa Saraswati, para que yo no le pusiera encima mi trasero.
Los cerdos se comen la basura. Y están tremendamente cebados. Los pequeños son muy divertidos, rosaditos, y me recuerdan siempre a Bave, el protagonista de la película de Disney. No entiendo cómo un cerdo puede ser un héroe. La carne de cerdo está únicamente permitida como alimento para una determinada casta. Una de las más bajas. Porque es alimento sucio. Así también son consideradas las castas más miserables, impuras, contaminadas. Por eso, porque son impuros, los indios que vienen de linaje muy pobre no están acostumbrados a que les toquen. Supongo que está grabado en su ADN. A los perros les ocurre algo parecido; no es que rechacen el contacto humano, es que lo temen. Levantarles la mano, aunque sea sólo para jugar o indicarles que se alejen, es entendido como una terrible amenaza. Se echan en el suelo y meten el rabo entre las piernas muertos de miedo. Están acostumbrados a ser apaleados y apedreados. Según la creencia popular, los canes, animales callejeros, son reencarnaciones de delincuentes y ladrones. Por eso es lícito tratarlos como perros. Y nunca mejor dicho.
Los que tratan como perros a la gente son los travestis. Una vez vi a un travesti (eunuco o hijra) darle una enorme colleja a un hombre que no atendía a su petición de limosna. Nadie quiere ponerse a mal con ellos, porque pueden echar mal de ojo o lo que es peor, enseñar sus partes (algo tremendamente espantoso a los ojos de los indios). Su papel en la sociedad es el de chivos expiatorios. Limpian de culpa a los niños recién nacidos y se quedan con sus pecados dentro de sí. Es fácil reconocerlos porque visten de forma muy llamativa, con colores fuertes y maquillaje extravagante. Lo que yo no sabía cuando uno se dirigió a mí en la estación de Chennai es que podían maldecirme como las brujas. Me andaré con cuidado la próxima vez y les ofreceré cien rupias, como mínimo, si me los vuelvo a encontrar, para deshacer el daño de cualquier malentendido cultural.



Boda de domingo

-         In Spain different-different- le digo a mi amigo.
Me ha invitado a la boda de su hermana y la primera impresión, la primera imagen que recibo es la de un rostro lleno de temor detrás de tanto colorismo y tantas flores. Su hermana que me mira y me sonríe con complicidad, aunque apenas hemos cruzado unas palabras la semana anterior. Siento que me conoce más a mí que al hombre que tiene a su lado y con el que va a compartir el resto de su vida.
-         Here first marriage, then love. If love. In Spain first love, then marriage. Then get divorce, if problems.
Él me mira con la misma sonrisa con la que nos ha recibido a la entrada del templo por la mañana y no sé si me ha entendido o si sólo está sonriendo por la forma que tengo de comer el arroz con las manos.
En India los matrimonios son concertados en un tanto por ciento muy elevado. Los padres buscan un marido para sus hijas cuando estas tienen edad de casarse y consultan con el astrólogo la adecuación del elegido, así como la fecha y la hora.
Quien elige casarse por amor es a veces repudiado por su familia.
La mujer no ve al hombre antes del día del matrimonio. Es el hombre quien debe confirmar si ella le gusta.
-         My family is very happy- me afirma él.
Y entiendo que sí, que tal vez pueda funcionar. Que el arreglo se hace con el convencimiento de que los novios serán felices.
- You take care of her- le digo al hombre que han casado con mi amiga. Porque en ese momento se convierte en mi amiga. En mi hermana. No sé qué extraño lazo me une a ella. Pero de repente siento que existe y tengo miedo yo también. Tal vez por toda la idiosincrasia que hay detrás de esta institución, por el poco valor que tiene la mujer en India, la escasa capacidad de decisión, la identidad robada por el padre, primero, luego por el marido.
Al rato, me acude a la cabeza esa pregunta frecuente: ¿El nombre de tu padre? A veces me dan ganas de repetir mi nombre, porque es el que es y decir que qué le importa a él o ella el nombre de mi padre si no está aquí.
- But I respect your traditions- apostillo, porque no quiero herir a mi amigo ni hacer un juicio de valor sobre lo que no he experimentado, lo que no conozco con profundidad, lo que no entiendo.
Y él sigue sonriendo. Y no sé si lo hace porque no me entiende o porque se ha dado cuenta de que el arroz tiene demasiado picante y estoy empezando a ponerme colorada.

martes, 10 de noviembre de 2015

Akkas

Los campesinos y trabajadores se encuentran en la base del sistema de castas de la India sólo por encima de los parias (dalits), dedicados a las labores de limpieza y los trabajos peor considerados (incineraciones, manipulación de excrementos..).
Existen reglas de comportamiento estrictas que limitan a las personas que corresponden a una determinada casta, de manera que cada quien tiene su papel en la sociedad y no puede cambiarlo. Cada casta tiene su religión y su oficio. Hay infinidad de subcastas dentro de las principales definidas en el Rig-Veda: sacerdotes o brahmanes, guerreros o kshatriyas, comerciantes o vaishas, campesinos o sudras y dalits o intocables. Aunque la ley abolió toda discriminación basada en el sistema de castas, aún hoy día perviven las costumbres ligadas a esta jerarquía en la vida cotidiana.
Afortunadamente, aquí en Anantapur, la Fundación ha hecho un trabajo excelente para mejorar la vida de los parias y los grupos tribales. Las akkas, encargadas de las labores de limpieza, cuidado y servicio en el Campus, corresponden a una de las castas más bajas e impuras. Sin embargo, yo no los veo un color diferente. Y si de verdad es el kharma lo que determina una mejor reencarnación, la bondad que transmite esta gente les llevará a la cúspide de la pirámide.

1
Comenzaron a decirme sus nombres. Nalama, Kantama, Kalama, Shivama. Me pregunté por qué todas tenían un nombre que terminaba de la misma forma. No era noche Luna Llena, pero me habían prometido ponerme henna en las manos. Me dibujaron un redondel en la palma de la mano, con una pasta fresca y pringosa. Estábamos todas sentadas en el suelo y ellas parloteaban en telugu. Me explicaban las razones de aquella tradición. Es bueno para la salud. Y un atributo de belleza en India. Me quitaron las sandalias y también me pusieron henna en los pies. Luego nos tumbamos boca arriba para ver las estrellas y ellas seguían charlando y yo respondía undi, ledu-ledu, concham. Y les recordaba que me daban miedo las serpientes, que no fueran a dejarme sola allí. Se reían. Era un círculo de mujeres. De edades heterogéneas. Y yo había entrado en él a través de aquel ritual. En ese momento dejé de ser la madame a la que servían el desayuno y la cena y me convertí en una más.

2
Me imita siempre cuando hablo. Nunca ha tenido ninguna vergüenza. Se ríe a carcajadas. Es feliz. Y curiosa. Nos mira cuando trabajamos a través de la ventana. Hace su trabajo con amor. Incluso la forma que tiene de cortar las verduras es amable.
El sábado tuve un ataque estomacal y me tumbé en la alfombra del aula debajo del ventilador para descansar un poco. Ella apareció de repente, sin haberle llamado y me pidió que me tumbara boca abajo. Amama masagge pillola. Entendí algo como que su abuela le había enseñado una técnica ayurvédica cuando era niña para mejorar los dolores de estómago.
Me masajeó las lumbares y me pellizcó la columna con cuidado y los brazos y piernas de un modo ágil y rápido. Unos minutos después yo había recuperado el color.
- Tú, chamana- le dije.
Y se partía de risa.

3
Les dijo que venía de Kalyandurg, que era médico. Le preguntó a la más viejita por qué respiraba con tanta dificultad. Le prometió auscultarle después de la cena. Una tras otra fueron entrando a la noche en casa, consultándole todas sus dolencias a mi amiga y convirtiendo mi habitación en una sala de urgencias. 

4
Le dije que su sonrisa era very nice. Le aclaré. Mucho más guapa cuando tú ríes. Y acompañé las palabras en castellano con un par de gestos referenciales. Ahora no deja de sonreír cuando me ve. Con unos dientes blanquísimos. Hoy me regalado un semi-abrazo (uno completo es casi imposible en esta cultura) y después me ha dicho:
-         Akka, ledu. Raji.
A lo que yo he respondido con una sonrisa plena de satisfacción.
-         Madame, ledu. Gema.




viernes, 16 de octubre de 2015

Sensaciones

En Andra, el olor de la vegetación es diferente. El olor de la cocina es diferente. Huele a curry y a pan de maíz.
El aire es pesado, el calor pegajoso, la lluvia suena como un instrumento musical y no cala la piel.
Las mujeres, las niñas también, llevan polvos de talco en la cara. Los hombres llevan todos bigote.
Los chicos juegan conmigo a voley cada tarde con los pies descalzos y en el comedor se sientan en el suelo y comen con las manos. Arroz por la mañana, arroz por la tarde, arroz por la noche.Comer es tan importante que no preguntan ¿qué tal?, sino ¿has comido ya?
Un hindi, kohl en los ojos, pendientes largos, henna en el pelo, un pendiente en la nariz y un sari son algunos ingredientes que hacen a una mujer bella.
Sonríen. Siempre. Pero eso no significa que les guste vivir en la India.
El ritmo está enlentecido.
En India, la sociedad está jerarquizada. Mucho. El guarda se levanta de la silla cuando salgo o entro en el Campus. Y me llaman Madame.
En las escuelas no hay aprendizaje significativo y los niños y las niñas, también las niñas, afortunadamente, cantan las lecciones como papagayos.
El sol es intenso. En la ciudad y en el campo. El olor a podrido es intenso junto a los ríos.
Las vacas pasean a sus anchas por la ciudad. Los cerdos pasean a sus anchas por el campo. La carne de cerdo se reserva para las castas más bajas. La carne de vaca no se puede comer.
Los niños corren hacia mí cada mañana por los caminos del pueblo, ríen, me dan la mano y los buenos días. Chocolat, chocolat, gritan.
La muerte es una visitante frecuente. La gente muere porque no tiene recursos para pagar sus tratamientos. La gente muere porque enferma de malaria y no acude al hospital. La gente muere porque apenas hay agua y sin agua no hay vida. En los meses de calor, niños y ancianos enferman y se deshidratan.
Las mujeres se pintan la Luna Llena en la palma de la mano. Los hombres llevan falda. O lunghi.
Los hombres trabajan en el campo. Las mujeres trabajan en el campo. Las mujeres trabajan en la casa.
Hay una centena de especies diferentes de serpientes, incluida la cobra imperial. Lunes, en lengua de signos, se dice serpiente. Morir por una picadura de serpiente anuncia una reencarnación favorable.
En la India no hay peluqueros. El pelo de las mujeres se lleva a los templos como ofrenda a los dioses para recibir su bendición.
Hay más de cien dioses y cien nombres largos e impronunciables en la mitología. Y varios libros épicos. Hay sonidos del telugu que mi oído no discrimina.
En Andra, la noche es inquietante. Pero la vida se abre paso.

Momento a momento.

viernes, 2 de octubre de 2015

Mujeres y saris

Las mujeres con sus saris ponen alegría a la India más gris con telas de seda brillantes y vistosas. Sin embargo, ser mujer en India no es para vestir de colores. Uno puede imaginarse cuánto vale una mujer cuando descubre que está prohibido dar a conocer el sexo del bebé a los padres para evitar abortos provocados y el infanticidio femenino. El mejor destino que puedes imaginarte como mujer es el matrimonio, concertado en el 80% de los casos, sobre todo en el ámbito rural. La mujer tiene valor solo al lado de un hombre, como bien económico y como madre; si un matrimonio no tiene hijos, la culpable es siempre ella y el hombre suele tomar a la hermana pequeña de esta como segunda esposa. Si una mujer se queda viuda pierde valor social y es marginada. Aunque hay leyes que lo prohiben, siguen existiendo acuerdos monetarios en relación con la dote que los padres ofrecen en los matrimonios concertados. El acceso a la educación, la sanidad y la economía están si no vetados, obstaculizados para las mujeres, de manera que el cambio está aún lejos, a pesar de las leyes que el Gobierno indio lleva implantando las últimas décadas luchando contra las desigualdades. La discapacidad es un problema añadido. Las mujeres discapacitadas son más vulnerables a sufrir abusos de parte de los hombres de sus familias y ni siquiera son presentadas a la sociedad. Son invisibles. Si consiguen un trabajo, a veces facilitado por Ong como la Fundación Vicente Ferrer, entonces, su cotización aumenta y tienen más posibilidades de que las pidan en matrimonio, si bien a veces con hombres mayores.
Sin embargo, y a pesar de que esta es una de las peculiaridades de la India que más me cuesta afrontar sin enfadarme, en ocasiones, puedo ver la semilla del cambio. Rajeswari, la logopeda de la escuela de Bukaralla de la Fundación, es viuda. No sé de dónde sacó la fuerza para irse sola a Bangalore, dejar a sus hijos con sus padres dos años después de la muerte de su marido y estudiar Hearing and Audition para tener otra vida. Y Suda, que tuvo polio de niña y tiene problemas de movilidad, está casada, trabaja como profesora de ciegos y tiene dos niños preciosos, uno de ellos con una daño neurólogico que ella dice, es un regalo de los dioses. Si le miras un segundo y esperas a ver su sonrisa no dudas de que lo que ella dice es cierto.